Fuera del radar · Historias

El perfume que encargó un sultán

En 1982, un perfumista francés de sesenta y pico de años subió a un avión rumbo a Mascate. No iba de vacaciones. Iba a componer un perfume por encargo directo de un sultán.

Paisaje montañoso de Jabal Akhdar, Omán, contexto geográfico de la historia de la perfumería omaní contemporánea.

Eso, por sí solo, ya sería una anécdota curiosa. Lo que la vuelve una historia es lo que el sultán le pidió que hiciera con él.

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Un país que vende incienso desde hace milenios

Omán no es un lugar cualquiera para fundar una casa de perfumes. Durante siglos, fue uno de los centros comerciales del incienso y la mirra del mundo antiguo — las mismas resinas que, según se cuenta, viajaban en caravanas hacia templos y palacios de medio Mediterráneo. La región literalmente construyó parte de su historia comercial alrededor de lo que huele bien cuando se quema.

En 1983, el Príncipe Sayyid Hamad bin Hamoud Al Busaidi fundó Amouage a pedido explícito del Sultán Qaboos bin Said. El lema que la casa adoptó desde el principio no dejaba dudas sobre la ambición: The Gift of Kings — el regalo de los reyes. La idea no era competir en el estante de un centro comercial. Era retomar, con perfumería moderna, un oficio que Omán ya dominaba antes de que existiera Francia como la conocemos.

Boswellia sacra, el árbol del incienso, en Wadi Dowkah, Dhofar, Omán.
Boswellia sacra, Wadi Dowkah, Dhofar, Omán. Foto: Krzysztof Ziarnek (Kenraiz), Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

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El hombre detrás de Madame Rochas, ahora en el desierto

Para materializar esa ambición, la casa contrató a Guy Robert — perfumista que ya cargaba, en ese momento, con una lista de trabajo que cualquier nariz envidiaría: Madame Rochas, Calèche de Hermès, y Doblis, considerado casi legendario dentro del oficio. No era un debutante buscando su primer cliente importante. Era alguien que ya no tenía nada que demostrar y aun así aceptó volar a Mascate en 1982 para trabajar en un perfume nuevo desde cero.

Robert no empezó de la nada del todo: adaptó su propia fórmula de Madame Rochas —floral, aldehídico, de 1960— como punto de partida para lo que se convertiría en Gold Woman, lanzado en 1983. Cinco años más tarde llegó su contraparte masculina, Gold Man, en 1988 — el último perfume que Robert compondría en su carrera. Cerca de 140 ingredientes, entre ellos incienso, mirra, ámbar gris, cedro y pachulí, orquestados con lo que una reseña especializada describe como su "toque ligero y diestro" característico.

Paisaje de Jabal Akhdar, Omán: terreno calcáreo y vegetación de montaña.
Jabal Akhdar, Omán. Foto: Ontheroadom, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

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¿El perfume más caro del mundo?

Circula, en foros y artículos sobre la casa, la afirmación de que Amouage llegó a tener, en cierto momento, la fórmula de perfume más cara disponible en el mercado. Es una frase que aparece repetida en varias fuentes sobre la marca, sin que ninguna que haya podido consultar cite una cifra concreta o una comparación verificable con otras casas.

Vale la pena tratarla como lo que es: una reputación que Amouage se ganó y que la industria le repite, no un dato con fuente primaria confirmada. No hace falta inflar la historia con un número que nadie puede probar — la historia ya es suficientemente rara sin necesidad de superlativos exactos: un sultán encargando un perfume, un maestro perfumista francés cruzando medio mundo para componerlo, y un país que decidió que su incienso milenario merecía una segunda vida en un frasco de lujo internacional.

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Sí, pero

Ninguna de estas historias fundacionales — el sultán, el perfumista legendario, las casi 140 materias primas — garantiza que a alguien le vaya a gustar el perfume que resultó de todo eso. Gold Man, con toda su genealogía, sigue siendo un perfume denso, aldehídico y anticuado para muchas narices contemporáneas, exactamente lo opuesto de lo que hoy domina las góndolas.

Quizás lo interesante de Amouage no es que haya nacido de un encargo real. Es que esa génesis, casi cuarenta años después, sigue determinando lo que la casa decide oler distinto: perfumes que no compiten por ser fáciles de llevar, sino por sostener la ambición original de sonar — literalmente— a algo que un rey querría regalar.

Nota: reflexión editorial de Aromia. Los enlaces de compra dirigen a retailers autorizados.